Repercusiones. De todo tipo. De las que esperabamos y de las otras. Pero, si ladrán es porque cabalgamos.
Es ir directo a la confrontación responder al corresponsal de Allen sobre sus declaraciones. Podría, con argumentos más que firmes, contestar cada una de sus dogmáticas aseveraciones. Pero me quedo solo con una. Defensor del trabajo periodistico, el Sr. Rodriguez se ha creído en condiciones de prohibir (él dice no permitir en realidad) a cualquiera, salvo a su audiencia, cualquier tipo de crítica sobre su tarea.
Eso es lo que nos deja en la posición opuesta. Nuestra carta no quiere evitar la crítica. No tenemos miedo a revisar lo que se viene haciendo. Ni lo de ellos, ni lo nuestro. Es justamente eso lo que esperamos. Y si somos su audiencia, mal que nos pese, porque para criticarlo hemos tenido que escucharlo. Así de sencillo.
Seguramente el Sr. Rodriguez no tendrá inconvenientes en participar de los debates que se asoman a futuro, y de los que necesariamente tendremos que participar todos. Por eso, la cosa no termina acá. Sigue. Sigue con un fino trabajo teórico y práctico. Sigue con un debate y una busqueda de puntos en común entre diferentes grupos sociales. Claro, entre grupos sociales que acepten la crítica. De otra manera, terminaremos prohibiendo, o no permitiendo a nadie que opine distinto, un espacio para hablar.
Esperamos que toda la comunidad (y por toda entiendase toda, oyentes, lectores, televidentes, cybernautas, periodistas, corresponsales, alumnos, profesores, milintantes, jubilados, trabajadores, desocupados, y todos los etcéteras necesarios) vaya acercándose al tema. Con mayor o menor conocimiento. Debatir es también empezar a aprender. Acá no se necesitan títulos ni salidas al aire para empezar a decidir que tipo de políticas comunicativas queremos para Río Negro. Hace ya mucho tiempo que el voto calificado fue reemplazado por el universal, secreto y obligatorio. En el mismo sentido, nuestra participación.